Tuesday, October 10, 2006

CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD CONCERNIDA EN LA HISTORIA SOCIAL POPULAR

Compañer@s: se deja a disposición una Carta Abierta en relación al debate generado en la mesa de Diagnóstico, desarrollada el día 27 de sept.
Espero que pueda generar comentarios...
Saludos
NHG.
Pd: al traspasar la información se generaron algunos problemas de configuración del texto, intente solucionarlos todos, pido disculpas si se me paso alguno.


CARTA ABIERTA A LA COMUNIDAD CONCERNIDA EN LA HISTORIA SOCIAL POPULAR

Estimadas compañeras y compañeros
Nos dirigimos a ustedes desde nuestra simple condición de antiguos estudiantes de historia en los tiempos en que “Labradores, peones yproletarios” irrumpió en la historiografía chilena. Vivimos entonces el remezón provocado por Gabriel Salazar, planteando incluso nuestras inquietudes y abiertos rechazos a algunos desarrollos de su obra. En la última visita de trabajo que uno de nosotros realizó a Chile –meses antes de conocerse el premio nacional- comentamos lo errática de nuestra relación con la historiografía de Salazar; decidimos entonces escribir un texto revisando algunos juicios y, en definitiva, reconocer su aporte a nuestras perspectivas actuales, especialmente a las que incluyen repensar el espacio de una izquierda radical.

En medio de ese ya demorado proyecto, sobrevino, entre otros, el homenaje rendido a Salazar en las Jornadas de Historia organizadas por un colectivo de estudiantes de la Universidad de Chile (fin de septiembre, 2006).Atentos a posibles insumos para nuestro escrito, y habiendo recibido polémicos comentarios respecto del primer panel realizado, nos interesamos en escuchar la grabación de dicho panel. Sin desmedro de lo aportado por la profesora Alejandra Araya y el profesor Pablo Artaza; la destemplanza que a nuestro juicio predominó en las intervenciones de los profesores Igor Goicovich y Sergio Grez, nos hicieron adelantar, en parte, nuestro proyecto, y escribir la presente carta.

I

Hemos ubicado nuestro punto de partida en la alusión a un hecho del cual uno de nosotros fue parte; éste se remonta a los inicios de los 90, cuando en los albores de su Programa de Historias Locales, la O.N.G. ECO organizó un seminario respecto de las nuevas formas de la historia social en Chile; ocurrió entonces que uno de los participantes en dicho seminario intervino proclamando “LA MUERTE DE ISKRA”. Lo extraño, híper-real quizá, fue escuchar al profesor Goicovich citando este acto, y más aun, postulándolo como una incontestable prueba del daño, “INCLUSO VIOLENTO”, causado por la nueva historia social al movimiento popular chileno; resultado por lo demás, de “UNA CRÍTICA FURIBUNDA A LA HISTORIA SOCIAL Y POLÍTICA DEL MUNDO POPULAR” (debe entenderse que esta “crítica furibunda” habría estado dirigida a la obra de historiadores del P.C. como Ramírez; del P.S. como Jobet y trotskystas como Vitale y Segall).

Siendo uno de nosotros ex trabajador de aquel programa de ECO, y por sostener aun estrechos lazos con esta organización desde la que muchas historiadoras e historiadores han realizado consistentes aportes; nos pareció insólita la elección del personaje realizada por el profesor Goicovich, y más aun, el peso paradigmático que atribuyó a su proclama, pidiendo incluso a viva voz, la confirmación de Mario Garcés, cuyo reconocido trabajo respecto del movimiento poblacional chileno no guardala menor relación con los aportes y desarrollos de aquel participante del seminario citado por el profesor Goicovich. Insólito también nos haparecido el no haber respondido a tiempo aquella intervención, especialmente si se la consideraba el corolario de un daño inflingido al movimiento por el que tantas vidas han sido expuestas o segadas; de hecho entendemos que el profesor Goicovich continuó por varios años su labor en CIDPA, otro de los centros que hicieron de la nueva historia social una práctica concretamente localizada en los territorios populares.Incomprensible fue también que el profesor Goicovich no haya aludido alterrorismo de estado como una de las principales razones por las cuales las orgánicas políticas del movimiento popular fueron desarticuladas; tan incomprensible fue este “olvido” que el propio Mario Garcés hubo de recordarlo ese mismo día en un panel posterior. Por nuestra parte, consideramos aquella proclama de la muerte de Iskra en el aludido seminario de ECO, nada más que como un pequeño acto de petulancia intelectual.

El profesor Goicovich prosiguió sin embargo su interpelación apelando al irrenunciable carácter de la crítica intelectual; lamentablemente –esnuestro deber fraterno decirlo- no terminó de hacer algo más que CONTAR,INFORMAR de su profundo rechazo a la nueva historia social chilena. Prácticamente no escuchamos nada acerca de la arquitectura conceptual de este rechazo; fue por eso que para sopesarlo, hemos tenido que concentrarnos sobre la puñetera responsabilidad que le atribuye a la nueva historia social en la muerte de Iskra; es decir, en la supuesta despolitización del movimiento popular chileno.

Independientemente de si el periódico Iskra cayó en las manos de Plejanovy los mencheviques alrededor de 1905; el modelo que inspiró a Lenin para su fundación en 1900 fue sostenido por los Bolcheviques hasta la inflexión de las Tesis de Abril en 1917; allí Lenin mostró que una cosa es elaborar un método históricamente acotado para poner a punto una herramienta revolucionaria y otra cosa es hacer entrar dicha herramienta en el acontecimiento mismo de la revolución.

“LOS SOVIETS DE DIPUTADOS OBREROS SON LA ÚNICA FORMA POSIBLE DE GOBIERNO REVOLUCIONARIO Y, POR ELLO, NUESTRA MISIÓN SÓLO PUEDE CONSISTIR EN EXPLICAR LOS ERRORES DE SU TÁCTICA DE UN MODO PACIENTE, SISTEMÁTICO, TENAZ Y ADAPTADO ESPECIALMENTE A LAS NECESIDADES PRÁCTICAS DE LAS MASAS..."(LENIN)

La revolución Rusa puso en acto la genuina dialéctica de los seres humanos y su historia, revelándose como un “acontecimiento” inanticipable por la lógica de las necesidades históricas; de ahí que cuando el acontecimiento revolucionario irrumpió en 1917, el enunciado “TODO EL PODER A LOS SOVIET”, no pudo sino constituir un salto sin retorno a partir del cual la historicidad de la bases sociales se desplegó como motor del proceso, asistida, y no conducida, por el partido. De hecho, el posterior retiro del enunciado abrió el camino a la burocratización del partido comunista soviético, fundó la complicidad de Lenin y Trotsky en la matanza de los revolucionarios de Krondstat (1921), y sintomatizó la incapacidad de cumplir con la subversión interior que el propio marxismo reclamaba, es decir, invertir el camino para ir ahora directamente desde la experiencia social revolucionaria a la reformulación teórica. Es por eso que el carácter de salto sin retorno del enunciado “TODO EL PODER A LOS SOVIET”, no se refiere a su irreversibilidad fáctica, sino a su capacidad de sostener el carácter “indefinido” (no sujeto a previsiones teleológicas) del acontecimiento revolucionario. Esta última cuestión, compromete a toda organización que predique para sí la condición de revolucionaria. Se trata entonces de un compromiso para construirse a partir de la historicidad de las bases sociales. Este es el salto que, en particular desde América Latina, implicó la distinción entre izquierda a secas e Izquierda Revolucionaria; y más específicamente, es el salto que en Chile marcó la diferencia entre una construcción institucional del socialismo y un embrionario proyecto posciudadano conocido como Poder Popular. Han sido especialmente los movimientos de liberación anti-imperialista los que han planteado el peligro de replicar las estructuras generales de acontecimientos revolucionarios precedentes, lo que por supuesto no implica dejar de lado un riguroso estudio de su historia. Así, a comienzos de los noventa, los resabios de Iskra eran de hecho una de las causas de la derrota del movimiento popular chileno; presentar esto de manera invertida, constituye, a nuestro juicio, una idea que solo adquiere lógica en regímenes discursivos del tipo estalinista, o en excesos de intelectualidad orgánica.

“... LO QUE LOS INTELECTUALES HAN DESCUBIERTO DESPUÉS DE LA AVALANCHA RECIENTE, ES QUE LAS MASAS NO TIENEN NECESIDAD DE ELLOS PARA SABER, SABEN CLARAMENTE, PERFECTAMENTE, MUCHO MEJOR QUE ELLOS; Y LO AFIRMAN EXTREMADAMENTE BIEN. PERO EXISTE UN SISTEMA DE PODER QUE OBSTACULIZA, QUE PROHÍBE, QUE INVALIDA ESE DISCURSO Y ESE SABER (...) ELLOS MISMOS, INTELECTUALES, FORMAN PARTE DE ESE SISTEMA DE PODER, LA IDEA QUE SON LOS AGENTES DE LA ‘CONCIENCIA’ Y DEL DISCURSO PERTENECE A ESTE SISTEMA”(FOUCAULT)

II

Ya en la ronda de comentarios, el profesor Grez hizo su aporte al severo juicio emitido por el profesor Goicovich; puso entonces en juego algunos argumentos desarrollados con anterioridad en su propuesta de historia social con política incluida. Efectivamente, en un artículo de 2005[Política. V. 44, pp. 17-31], Grez comparó su propuesta historiográfica con la contenida en “Peones, labradores y proletarios”. Una de las fortalezas del artículo consiste en entregar una definición de la política entendiéndola como “[NO] SÓLO NI PRINCIPALMENTE EL TERRENO CONTAMINADO POR LAS INFLUENCIAS DE LA ÉLITE Y EL ESTADO; LA POLÍTICA ES POR ANTONOMASIA UN CAMPO PRIVILEGIADO DE DECANTACIÓN Y DEFENSA DE LOS INTERESES DE LAS CLASESY GRUPOS SOCIALES.” (p. 29) Aunque se deja en el aire la jerarquía de instancias en las que se “decantan y defienden” los intereses colectivos -que podrían ir desde el FMI hasta las relaciones de pareja- esta definición de la política no descalza en lo absoluto con la puesta enjuego por Salazar, tal vez es por eso que Grez recién la enuncia en la última página de su artículo, después de haber utilizado laxamente, y alrededor de 120 veces, la palabra “política”, para tratar de probar su ausencia conceptual en “Peones, labradores y proletarios”. En vez de una oportuna definición de la palabra “política”, el profesor Grez la identifica tautológicamente con cuestiones como la “CONCIENCIA DE CLASE” progresivamente desplegada desde un “PRIMARIO” descontento social hasta arribar a “LOS PARTIDOS POLÍTICOS DE LA CLASE TRABAJADORA” (p. 20), así, cuando esta progresión habría terminado por constituir “…HOMBRES PLENAMENTE POLÍTICOS [ESTOS] DEJARON DE SER ATRACTIVOS PARA AQUELLOS INVESTIGADORES QUE VALORABAN SU ´SER NATURAL´” (p. 21, subrayado nuestro). Por esto en “Labradores …” la política habría sido explícitamente dejada de lado al no incluir “LA INTERVENCIÓN POPULAR EN LAS ASAMBLEAS, GUERRAS CIVILES, ELECCIONES Y PARTIDOS POLÍTICOS [SIN TAMPOCO MENCIONAR A] LAS ORGANIZACIONES NI LAS IDEOLOGÍAS Y POSTULADOS POLÍTICOS EN QUE SE APOYARON LOS TRABAJADORES PARA CONSTRUIR SUS PROYECTOS Y CONQUISTAR SUS REIVINDICACIONES; SÓLO TANGENCIALMENTE APARECEN ALGUNAS DE SUS PETICIONES COLECTIVAS FRENTE A LAS AUTORIDADES Y LOS PATRONES.” (p. 22 y 23) Así, concluye Grez: “LA DIMENSIÓN MOVIMIENTISTA Y POLÍTICA DEL ´PUEBLO LLANO´NO ES CONSIDERADA EN LABRADORES, PEONES Y PROLETARIOS.” (p.23)

Al tiempo que circunscribe la politicidad de los movimientos sociales a sus actos de representación y delegación del poder, Grez realiza una rocambolesca maniobra con la que intenta dejar a Salazar como el responsable de reducir la comprensión histórica de la política a la formación de la ley y los actos administrativos de gobierno; pretende además que sería Salazar quien separa lo social de lo político, aberración que la propuesta historiográfica de Grez vendría a reparar (veremos enseguida que esto ocurre perfectamente al revés). Paradójicamente en este punto adviene la segunda fortaleza del artículo de Grez.

Por primera vez un historiador –y no un filósofo o un sociólogo- pone en discusión las trazas biopolíticas presentes en la historiografía deGabriel Salazar “SEGÚN SE DEDUCE (…) DE SU CONCEPCIÓN MICROFÍSICA Y DESCENTRALIZADA DEL PODER (DIFUSO Y DISPERSO EN LA SOCIEDAD Y NO CENTRALIZADO EN EL ESTADO COMO CRISTALIZACIÓN DE LA HEGEMONÍA DE LA CLASE DOMINANTE)” (p. 24); algo que al propio Salazar le costaría aceptar, toda vez que comparte la visión habermasiana de Foucault como un neoconservador que anularía al sujeto en “las redes del poder”. Ahora bien, Grez despliega una “demostración” de lo perniciosas que serían las concepciones descentradoras del poder citando a pie de página un artículo crítico escrito hace más de tres lustros por Carlos Saldomando (actual consultor en un Observatorio de Gobernabilidad en Centroamérica); es decir, con una escueta nota al pié, Grez pretende validar una crítica al análisis microfísico del poder inaugurado por Michel Foucault; autor al que las estadísticas de indexación bibliográfica muestran -para bien o para mal- como el más citado en revistas de teoría política anglófonas y francófonas de los últimos diez años. De vuelta en las trazas biopolíticas, y suspendiendo el problema de la distinción entre el sujeto y la subjetividad, cabe señalar que tanto Foucault como Salazar sostienen que el poder es creado en las relaciones sociales, por lo tanto no se trata de una sustancia contenida en instituciones cuyo asalto constituya el comienzo de la liberación para los oprimidos; de ahí que ya en medio de sus debates ideológicos como militante del MIR, Salazar haya sostenido

“... EL PUEBLO QUE HACE HISTORIA NO CONSISTE SÓLO EN LOS SIN-PROPIEDAD ATACANDO A LOS CON-PROPIEDAD, LOS SIN-ESTADO UTILIZANDO EL ESTADO DE OTROS, LOS QUE SON NADA DESTRUYENDO [A] LOS QUE SON TODO (...) EL PUEBLO NO ESTÁ FORZADO A OCUPAR SÓLO LOS ESPACIOS (...) APROPIADOS DE SU ENEMIGO, SINO, FUNDAMENTALMENTE, LOS ESPACIOS LIBRES E INALIENABLES DEL PUEBLO MISMO. ES DECIR, NO DEBE TRABAJAR TANTO O SÓLO LA IDEA DE EXPROPIAR AL ENEMIGO, COMO EL DESARROLLO DE SU PROPIA AFIRMACIÓN COMO PUEBLO (...) LO QUE SIGNIFICA INICIAR LA CONSTRUCCIÓN DE LA SOCIEDAD POPULAR HOY”(SALAZAR)

Frente a la evidente politicidad que, desde este enfoque, presenta un modo de vida como el peonal, Grez intenta ponerse a cubierto aludiendo muy superficialmente a la distinción Canettiana entre “LO” POLÍTICO y “LA”POLÍTICA”; sobre esta última –y antes de intentar resolver expeditivamente el asunto mediante otro pié de página- Grez indica que se trata de una “ACTIVIDAD ESPECÍFICA Y –APARENTEMENTE– BIEN DELIMITADA [¡]” (p. 24); lo escueto de esta idea, que evidentemente no alcanza el status de definición, nos autoriza a seguir a Canetti para descubrir la vieja noción de “LA” política, intransablemente liberal, como subsistema especializado, con funciones predeterminadas para la regulación del conflicto clasista mediante la delegación del poder social y su representación en el estado, de ahí entonces que para Grez “LA HISTORIA DE LOS SECTORES POPULARES CON LA POLÍTICA INCLUIDA EXIGE PRIVILEGIAR OTROS ACTORES, SUJETOS CON CAPACIDAD PARA PROYECTARSE MÁS O MENOS CONSCIENTEMENTE EN EL PLANO DE LA DEFENSA DE SUS INTERESES Y ENTRAR ORGANIZADAMENTE EN EL JUEGO DE LAS RELACIONES DE PODER”. (p.24), lo que Grez no quiere recordar, es que su propio seguimiento histórico a este tipo de prácticas, consiste en la narración de reiteradas transacciones, claudicaciones y derrotas de las fuerzas populares que él privilegia. La biopolítica sostiene en cambio, que las relaciones de poder alcanzan su expresión más cabal en las “formasde vida” de las poblaciones. En versiones más recientes como las de Negri, Virno y Lazzarato, o las de Nancy, Esposito y Agamben, la biopolítica ha funcionado como un émbolo conceptual para poner en evidencia el individualismo a-social de categorías políticas tales como “la representación”, “el pueblo soberano” o “el estado de derecho”; todas ellas heredadas del liberalismo y asumidas como propias por la mayor parte de la izquierda; cuestión que explica la incapacidad de ésta para desarrollar proyectos fundados en la existencia colectiva de los seres humanos y en el carácter eminentemente cooperativo de su producción. En definitiva, sorteando el bloqueo ideológico impuesto por la socialdemocracia teórica (Habermas, Giddens, Castells, Touraine), la tradición biopolítica es hoy la continuadora del proyecto ya iniciado por Marx en “La cuestión judía”, este consiste en superar el reaccionario esquema hegeliano de una “SOCIEDAD NATURAL” IDENTIFICADA CON LA CONVIVENCIA PRE-POLÍTICA, y una “SOCIEDAD POLÍTICA” IDENTIFICADA CON EL ESTADO.

Independientemente de la inscripción teórica de Salazar, o del solipsismo que en este plano alguna vez le criticamos; “Peones, labradores yproletarios” es, de manera incluso más nítida que “The Making of theEnglish Working Class”; una enorme contribución historiográfica a la tradición bipolítica. Nada puede ser más político que el agenciamiento colectivo consistente en “ponerse a vivir de una manera singular” (la peonal por ejemplo). La aspiración última de todo régimen de dominación política no es hacer que las personas voten por determinados candidatos, adscriban a determinadas ideologías o canalicen sus descontentos por determinados partidos; la aspiración última de todo régimen de dominación política es dar forma a la vida cotidiana de las poblaciones; de tal modo que no hay una base más sólida para la política de los oprimidos que las trazas de una forma de vida singularizada. Mil ideologías, partidos, modos de conciencia, reivindicaciones, petitorios, confederaciones y puños alzados, podrán ser eternamente recuperados por la dominación si no se sustentan en formas de vida que efectivamente escapen del orden dominante. Esto se encuentra muy lejos de implicar que dichas formas de vida sean refractarias a los devenires del estado o de la propiedad de los medios de producción. Simplemente implica que el asalto a todo sistema de dominación, se inicia en el tejido de nuevas relaciones sociales que sustenten la lucha contra las formas ya dadas del poder y prefiguren los caminos de libertad que reemplazarán al orden imperante.

“... SI SE LUCHA CONTRA EL PODER, ENTONCES TODOS AQUELLOS SOBRE LOS QUE SE EJERCE EL PODER COMO ABUSO, TODOS AQUELLOS QUE LO RECONOCEN COMO INTOLERABLE, PUEDEN COMPROMETERSE EN LA LUCHA ALLÍ DONDE SE ENCUENTRAN Y APARTIR DE SU ACTIVIDAD (O PASIVIDAD) PROPIA. COMPROMETIÉNDOSE EN ESTA LUCHA QUE ES LA SUYA, DE LA QUE CONOCEN PERFECTAMENTE EL BLANCO Y DE LA QUE PUEDEN DETERMINAR EL MÉTODO, ENTRAN EN EL PROCESO REVOLUCIONARIO. COMO ALIADOS CIERTAMENTE DEL PROLETARIADO YA QUE, SI EL PODER SE EJERCE TAL COMO SE EJERCE, ES CIERTAMENTE PARA MANTENER LA EXPLOTACIÓN CAPITALISTA. SIRVEN REALMENTE LA CAUSA DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA LUCHANDO PRECISAMENTE ALLÍ DONDE LA OPRESIÓN SE EJERCE SOBRE ELLOS.” (FOUCAULT)

III

Junto a algunas ideas contenidas en el artículo antes citado, la intervención en el panel por parte del profesor Grez, esbozó en algún instante algo más cercano a lo que nosotros consideramos un ejercicio crítico. En tal sentido recordó la apuesta de Salazar por una Ciencia Política Popular, la que, al cabo de 15 años, aun no se avizoraría. Lamentablemente fue sólo un amago de crítica que pronto dio paso a “una comedia bufa”: sobre el friso del homenaje estudiantil, se dibujó la caricatura de un Salazar que habría querido reemplazar las columnas de cuadros revolucionarios por workshops de historiadores sociales. Hace falta sólo un mínimo de apertura para comprender que lo propuesto en la introducción de “Violencia política popular...”, es exactamente contrario a lo interpretado por los profesores Grez, Goicovich y por un sector claramente articulado de la audiencia. Allí donde Salazar escribe que harán falta varias generaciones de intelectuales orgánicos para la constitución de la Ciencia Política Popular, resulta ridículo interpretar que se trata de un llamado a constituir la Corporación de historiadores sociales que se harán cargo de la acción política revolucionaria, de manera que las ironías que al respecto se esbozaron en el panel –como otras tantas en largos años de envidia y cafetín- nos parecen completamente gratuitas. “EL QUE ENTIENDE, ENTIENDE”, nos comentó el profesor Salazar al compartirnos un borrador de la introducción a“Violencia política…”. Así, la Ciencia Política Popular funcionó para nosotros como una interpelación a nuestras militancias ya constituidas. La operación política profunda, mucho más allá de la formación de inciertas escuelas historiográficas, fue para nosotros la de historizar la militancia haciéndola saltar desde el simple carácter exaltado que nos exigían nuestras dirigencias, hasta el borde de una auténtica radicalidad, potenciando de este modo nuestras concepciones de la violencia revolucionaria. Este proceso de historización de la militancia puede considerarse como el complemento a la dialéctica afirmativa implicada en la fundamental tesis de la campesinización -innombrada por los profesores Grez y Goicovich.

Efectivamente, el trabajo de Salazar ha corrido muchas veces en la misma dirección de una filosofía política afirmativa que, desde Spinoza a Deleuze, ha trazado una línea subversiva en las entrañas de la modernidad. Eso sí, una vez más el punto de distanciamiento ha sido la noción de sujeto puesta en juego por el profesor Salazar; ésta nace de una sana confrontación con el estructuralismo, pero descuida la constitución socio-relacional de esos “sujetos de carne y hueso” que suele poner a la base de sus reflexiones, sin reparar en su cercanía con la noción de “in-dividuo”; de manera que cuando el profesor Salazar colectiviza a esos sujetos, ellos mantienen ese carácter “in-divisible” que pule sustensiones sugiriendo un vacío de conflictividad interior. Más allá de esto, Salazar explora con celo y profundidad el devenir histórico de clases subalternas que se afirman a sí mismas antes de negar a quienes las explotan, lo cual resulta completamente concordante con la “potencia de la multitud” que Spinoza opuso con fuerza subversiva al contractualismo Hobbesiano. Paolo Virno ha mostrado cómo el propio Hobbes se queja de los problemas que la “multitud” le ofrece al Leviatán, tal queja se realiza entérminos notablemente congruentes con la forma de vida peonal descrita porSalazar: (1) la multitud rehuye de la unidad política, (2) se opone a la obediencia rechazando pactos duraderos y (3) no alcanza jamás el status de persona jurídica pues nunca transfiere sus derechos naturales al soberano por su modo plural de ser y de actuar. Como también lo ha hecho Salazar, Virno propone tener cuidado para no proclamar estribillos de tipo post-moderno ("la multiplicidad es buena, la unidad es la desgracia aevitar"), pues la multitud persiste contemporáneamente en la encrucijada de su esencialización o del desarrollo inmanente de su historicidad. Lo importante es que se ha arribado a un punto en que no puede seguírsele negando el carácter político “a las formas de vida sin personalidad jurídica”, precisamente porque de ellas, mucho más que de los partidos, de los sindicatos o de las ideologías, dependen los grados de libertad o fascismo que nos depara la historia futura.

En definitiva, la ciencia política popular de Gabriel Salazar fue y sigue siendo una manera de enunciar los desafíos del actual contexto, donde proliferan colectivos micropolíticos y una vasta gama de organizaciones sociales que administran de un nuevo modo sus relaciones con el estado. Pero tampoco se trata de proclamar el predominio estadístico de estas tendencias. Salazar no es un historiador de los comportamientos promedio presentados por las masas populares, sino de las líneas de fuga que las atraviesan. Según Deleuze y Guattari las líneas de fuga provienen de un deseo que no ha sido funcionalizado, lo cual implica un inconciente que no se encuentra anclado a estructuras repetitivas, un inconciente colectivo que produce la realidad y no se remite únicamente a su representación. En el inconciente se localizaría una potencia creadora no determinada por ninguna gramática interior ni exterior, de allí emergerían las formas de vida. El deseo se expresa entonces en líneas de fuga, las que no deben confundirse con conductas directamente transgresoras y ni siquiera contraculturales, las líneas de fuga no componen ninguna ideología revolucionaria; simplemente son fuerzas aun sin codificar, sin función asignada, de manera que constituyen la materia en bruto, tanto para las luchas por la libertad, como para las operaciones de recuperación capitalista. De hecho el capitalismo sobrevive a condición de promover y recuperar estas líneas de fuga, generando una verdadera revolución en las formas de de vida que Guattari denomina “Revolución molecular”. Es en el filo de esta revolución molecular que vemos trabajar la historiografía de Gabriel Salazar, así como también advertimos frente a ella, estériles reacciones como las de los profesores Goicovich y Grez

“¿CÓMO IMAGINAR, ENTONCES, QUE MÁQUINAS DE GUERRA REVOLUCIONARIAS DE NUEVO TIPO LOGREN INJERTARSE , A LA VEZ, EN LAS CONTRADICCIONES SOCIALES MANIFIESTAS Y EN ESTA REVOLUCIÓN MOLECULAR? (…) CASI TODAS LAS CORRIENTES DE IZQUIERDA, DE EXTREMA IZQUIERDA, DE LA AUTONOMÍA, ETC. (...) CONVERGENEN ESTA POSICIÓN [:] CADA UNO A SU MANERA ESTÁ DISPUESTO A EXPLOTAR LOS‘NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES’ QUE SE HAN DESARROLLADO DESDE LOS AÑOS SESENTA, PERO NADIE PLANTEA EL PROBLEMA DE FORJAR INSTRUMENTOS DE LUCHA REALMENTE ADAPTADOS A ESTOS MOVIMIENTOS. EN CUANTO SE TRATA DE ENTRAR EN ESTE UNIVERSO VAGO DE LOS DESEOS, DE LA VIDA COTIDIANA, DE LAS LIBERTADES CONCRETAS, UNA EXTRAÑA SORDERA Y UNA MIOPÍA SELECTIVA APARECEN EN LOS PORTAVOCES ‘OFICIALES’. LES PRODUCE PÁNICO QUE UN DESORDEN PERNICIOSO PUEDA CONTAMINAR LAS FILAS DE SUS ORGANIZACIONES” (Guattari).

Finalmente, creemos que no se escribe fundamentalmente para dar cuenta de un “sí mismo” ni de “un mundo”, sino para hacerle mundos a éste que se nos ha impuesto. Para nosotros eso implica acoplar las fuerzas de la escritura con otras fuerzas que sugieran vida y alegría; a tal ensamble le llamamos Agenciamiento. Así, no puede considerarse que esta carta haya sido escrita ni por uno, ni por dos, sino por el agenciamiento de fuerzas que nos constituyen, nos desbordan y nos exponen a “lo” más político de “la”política: nuestro irreductible estar-en-común. Es por ello que simplemente hemos querido contarles cómo, desde Pudahuel a Carrascal, y hasta el corazón de Hualpencillo; el “Peones”, la “Violencia”, el “Niñohuacho”, el Movimiento popular de industrialización; nos ayudaron a armar pequeñas fiestas resistentes frente a aquella “transición democrática” que sólo infundía desesperación y ofuscación en nuestras izquierdas. Hoy,cuando hasta el ex secretario General del MIR ha reiterado que su error fue no involucrar al partido en el plebiscito del 88, nos alejamos más que nunca de las versiones chilenas de Iskra. Los reclamos por desarrollar nuevas referencias políticas que de voz en cuello le hicimos alguna vez a Salazar, nunca fueron dirigidos prioritariamente al historiador, sino a ese cuadro político que el reformismo armado expulsó del MIR por propugnar el desarrollo de una fuerza social revolucionaria que sustentase la guerra popular. A estas alturas ya no nos sirve aquello de “EL QUE ENTIENDE,ENTIENDE”, hay demasiados tunantes que reducen la guerra social revolucionaria al perfume de la pólvora y la aventura, no de otra manera se explican algunas lealtades con soberbias jerarquías universitarias que hieden a derrota y claudicación.

El camino de unas clases populares que luchan afirmativamente desde sus formas de vida, está aun lejos de resolver la integral amenaza a la vida implicada en el capitalismo contemporáneo y su Razón Imperial; sin embargo, es este el piso irrenunciable para pensar una izquierda radical y revolucionaria. Aunque aun no se ha purgado un pensamiento occidental que amenaza siempre con convertir nuestros sueños de libertad en pesadillas totalitarias; no podríamos hacer un trabajo más irresponsable que el de retroceder sobre las concepciones políticas restrictivas que fundaron las pesadillas anteriores.

Fraternalmente

Sergio Roberto Villalobos-Ruminott, Sociólogo ARCIS, Master y PhD en Literatura hispanoamericana, Universidadde Pittsburgh. Académico de las Universidades de Arkansas y ARCIS.

Miguel Previsto Urrutia Fernández, Profesor de Historia Universidad de Concepción, Mgr. en Sociología P.U.C., Dr. en Sociología U. Católica de Lovaina. Académico de las Universidades de Concepción y Católica Silva Henríquez.

3 Comments:

Anonymous Mail de Leonardo Leon said...

Este mail ha sido generado por el profesor Leonardo León.

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From: Leonardo León
Subject: Re: Historia Popular-Carta Abierta


Sergio Villalobos
Miguel Urrutia,

Estimados compañeros,

he leido con mucho placer y alegría vuestra carta sobre el debate que se originó en las III Jornadas de Historia Social organizada por los estudiantes de la Universidad de Chile. En esa oportunidad, en que tuve el honor de hacer -'agenciar'- el reconocimiento público de nuestro entorno hacia Gabriel, me sentí apabullado y dolido por la crítica que se realizó desde el estrado hacia uno de los proyectos académicos de reconstrucción de la memoria popular más trascendentes que se hayan elaborado en los últimos treinta años. En una palabra, especialmente después de la interpelación de Danny Ahumada y de los mismos panelistas, me senti viejo y fuera de lugar . Era la primera vez que tenía esa sensación en mi vida. No obstante, no olvidaba los aplausos con que los estudiantes de la Sala recibieron mis palabras cuando expresé el desaliento y frustración que me produjeron las palabras de los panelistas ni tampoco perdía de vista las tareas que nos corresponde completar en estos tiempos de grandes cambios en nuestro entorno institucional. Lo que efectivamente no podía comprender es como, historiadores de cierto peso y tradición, reconocidos por su naturaleza progresistas, hayan de alguna manera encarnado los resabios más reaccionarios de la 'crítica revolucionaria', aquella que no se detiene en canibalismos ni parricidos, con tal de destruir lo único existente, lo que ha costado tanto años construir, sin capacidad para proponer una alternativa coherente y sistemática. Lo más desatinado es lo hayan hecho de un modo tan destemplado y fuera de lugar. Posteriormente, en una conversación privada, le manifesté a Sergio Grez que era de una inmensa ordinariez criticar en esas circunstancias a un homenajeado que ni siquiera podía defenderse por estar ausente. Políticamente, debemos haber proyectado hacia la calle un espectáculo patético: hacia esa misma Alameda que solamente el día previo presenció el apaleo de estudiantes y profesores que demandan cambios sustanciales -por no decir, revolucionarios- en nuestro sistema educacional. Los historiadores mirándose el ombligo y compitiendo por tener más tiempo el microfono entre las manos.

En conversaciones posteriores a estos eventos se me han dicho dos cosas. En primer lugar, que los jóvenes de hoy no están dispuestos a seguir gurues ni mesías. Que tampoco están dispuestos a que se les diga lo que deben hacer. Estos me lo dijeron algunos viejos. Curiosamente, la mayoría de los jóvenes que estaban destrás de este evento -organizadores y asistentes- son nuestros estudiantes tesistas o colaboradores de investigación. Jóvenes que están recién entrando en el campo académico de la producción historiográfica y que solicitan, demandan, exigen, formación y guía para realizar sus trabajos. Jóvenes que requieren 'Escuela' y que, precisamente, organizaron este evento, para clarificar esos puntos que sus profesores no les aclaran en el aula. Negar a los jóvenes lo que nos dieron tan generosamente nuestros profesores - formación, sólidez, experiencia- sería no tan solo un acto de egoísmo sino también un suicidio colectivo de las formas nacientes -y nuevas-de enfrentar la reconstrucción de nuestra memoria nacional.

En segundo lugar, se me dijo esta vez por gente más amiga, que les llamó la atención la ausencia casi total de referencias a los verdaderos 'enemigos' de la historia social. Se criticó que los panelistas se agarraran como perros rabiosos de la 'nueva historia' y de Salazar, y no echaran un vistazo más allá. Para ellos no existen aquellos aristocrátas que desde los pasillos del poder -formal o fáctico- deciden los contenidos y currículos de la enseñanza de la historia a millones de chilenos, que operan como censores en las editoriales y que disponen de los recursos para levantar sus héroes -de clase- como heroes nacionales. Los esfuerzos realizados durante más de cinco décadas de trabajo -incluyo a los historiadores marxistas de la década de 1960- parecen haber sido en vano cada vez que nos damos cuenta que esos conocimientos no han llegado a la sociedad chilena. Ahora, tal como lo señalé en esa oportunidad que comentamos, ha llegado el momento de dar un asalto historiográfico contra la institucionalidad. De unir nuestros esfuerzos, como lo hicimos en Nueva Historia, en el Manifiesto y en tantas otras ocasiones en que dejamos de lado nuestros remilgos teóricos o petulancias académicas, para responder a los llamados de la sociedad chilena. Que los sinsabores del presente no asfixien la gran tarea que se puede implementar, que no nos conformemos con la presencia de uno o dos historiadores en las estructuras institucionales sino que la Historia social irrumpa finalmente como parte integral de la memoria de todo el país. Los premios otorgados a Lautaro Nuñez, Jorge Hidalgo y Gabriel Salazar no fueron un reconocimiento tan solo a sus capacidades individuales: significaron también un reconocimiento a los cambios que ha experimentado nuestra disciplina en los últimos treinta años. Por eso que no debemos desfraudar a quienes miran hacia la historia en busca de respuestas.

Les agradezco sus reflexiones teóricas porque permiten ver las diferencias que existen en la base de nuestra diversidad. Son claras y contundentes. En algún momento les manifestaré mi opinión.

Por el momento vaya un saludo fraternal.

Leonardo León

7:23 PM  
Anonymous Anonymous said...

viejos chupamedias y socialdemocratas

5:03 AM  
Anonymous capucha said...

clasica del viejo salitre, deja la pelota y se hcha a volar...........abajo el paternalismo y los movimientos sociales, construyamos moivimiento popular desde la base

11:38 AM  

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